Me ha conmovido leer esta mañana que murió Rita Barberá en un hotel de Madrid. La conocí hace unos 20 años, cuando ella era alcaldesa de Valencia. Era la más querida, no había elección que no ganara, nadie como Rita llevaba voto al PP en toda España. En los últimos años dejó la alcaldía y enfrentó un juicio en donde no fue acusada penalmente (el juicio aún no terminaba) porque no se le había probado nada, pero había sido víctima de un linchamiento mediático. El mismo PP, que tanto le debía, le dio la espalda.
Ciertamente, conocemos casos como los de César Duarte y otros políticos que han sido unos pillos en el ejercicio del poder. Pero casos como el de Barberá (y otros que he conocido) me hacen pensar que la gente decente, con rectitud de intención no entra en política porque los juegos de linchamiento y persecución son implacables. Vocifera la canalla, diría Bernanos. Una sociedad que desconfía de todos y de todo merece gobernantes cínicos y sinvergüenzas como Trump. Descansa en paz Rita.


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