domingo, 27 de diciembre de 2009

Dando valor humano a lo divino


Hace algunos días volví a tomar un viejo libro que leí cuando tenía 17, 18 años. Lo compré, lo leí, mucho lo presté y mucho lo recomendé. Se trata de "El Valor divino de lo humano" (Editorial MiNos, 7ª edición, México 1992), del recientemente fallecido padre Jesús Urteaga. Es un libro que se presenta como una guía espiritual, orientada a jóvenes que desean vivir con fidelidad su cristianismo. Hasta ahí bien. Pero al volver a pasar sus páginas me pareció súmamente pesado, y decidí abandonarlo cuando me topé con esta lapidaria frase: "¿Se puede realizar algo realmente serio con hombres que tienen miedo al agua fría en una mañana de invierno?" (p. 63). Y no porque estemos en invierno, pero frases como esta me topo en todo el libro, enumero algunas que me parecieron chocantes:

- Dedica un capítulo entero a insultar a lo que él llama "beatos". En la página 29, afirma que "El beato todo lo espera de Dios... es un sentimental de corta inteligencia". ¿Acaso no es la actitud correcta acaso esperarlo todo de Dios? ¿No sabe el autor que "Beato" es un término que la Iglesia otorga a algunos que han vivido las virtudes cristianas? ¿Y que las virtudes teologales no son un esfuerzo de la voluntad, sino una don de Dios a los hombres?

- Titula a un capítulo "A golpe de látigo", y en él (página 91) afirma que "No nos dejaremos matar" ... "No podemos dejarnos matar, cristianos... Nuestra defensa será con espada afilada... No temas empuñar el arma. Que nadie se ría de un Cristiano". ¿Y los tanto y tantos mártires que en tantos siglos han derramado su sangre por Cristo? ¿No entiende este hombre que, como dice Tertuliano, la sangre de mártires es semilla de cristianos? En esta lógica, la Cruz de Cristo es una derrota. Y dice el autor en la página 92: "Pero los cristianos de hoy no tenemos vocación de mártires, sino de guerreros".

- Yo sigo creyendo que el Cristiano tiene una misión de amor. Pero este sacerdote incita en todo momento a la violencia, y cree que Dios lo quiere: "La guerra es el azote de Dios para su pueblo inconciente (pag. 242) ... La justicia de Dios tiene su tiempo y ya ha llegado en su carro de fuego. Juzgará por el fuego y pot la espada a toda carne, y serán muchos los que caigan a los golpes de los poderosos (pag. 243) ... Cobarde! Con hombres como tú, el Cristianismo se hubiera arruinado antes de entrar en las catacumbas (pag. 113) ... ¡Adelante, con violencia, los hombres de Dios! (pag. 102)". ¿Como puede llamarse un libro "de espiritualidad" con tales afirmaciones? Yo creo que este hombre no conoce la historia de la Iglesia, cuya piedra angular fue un hombre que en un momento determinado se acobardó y negó al mesías.

Este pobre curita entiende al cristianismo no como un encuentro con alguien que da vida plena y abundante, sino una especie de escuela estoica, donde te santifica aquello que más cueste a la voluntad. Parece que sólo es digno de ser cristiano aquel que posea fortaleza física y que esté dispuesto "a dar la lucha" (¿con quién o para qué?). Me alegro que no se haya topado nunca con el Cura de Ars, con Santa Teresita del niño Jesús o con San Francisco, porque su pequeñez le hubiera parecido apocamiento.

Pero el Padre de los cielos se regocija con los pequeños, con los que son como niños pobres, indefensos. Que en todo dependen de su padre amoroso. ¡Qué daño ha hecho la modernidad al imaginarnos autónomos, incluso en la mentalidad de muchos hombres de Iglesia! En la página 102 afirma: "Que la casa de Dios no sea para ti un lugar oscuro, al que vayas a ocultar tu miedo, tus indiferencias, tus cansancios o tus cobardías". ¡Si el mismo Cristo llama a todos los que están cansados a refugiarse en sus brazos! Y no creo que a él le importe si te bañaste o no con agua fría en invierno.

Es tanto el énfasis de dicho voluntarismo que, si la intención de texto era (como afirma el título) destacar lo divino en lo humano, al final se desdibuja todo rasgo de sobrenaturalidad en todas las afirmaciones que hace, no deja espacio para el encuentro con la Gracia. Creo que San Agustín y demás padres espirituales enseñan por caminos contrarios. Pido una sincera disculpa a mis amigos que les recomendé o les presté dicho libro.

2 comentarios:

Jorge Navarro dijo...

Soy un poco menos joven que tu pero yo también leí el libro que comentas, no demasiadas veces, pero igual que a ti me atrapó. Yo era un adolescente, además predispuesto a escuchar el tipo de discurso que tu mismo señalas. Pasaron los años y el libro quedó por ahí arrumbado. Cuando uno se hace adulto puede vivir agradecido de todo aquello que le provocó a vivir una adolescencia "diferente". Pero como dicen algunos la adolescencia es una enfermedad que se cura con los años: aunque ahora creo que no siempre se cura y algunos se quedan adolescentes y adolecentes en al alma.
Después leí a Peguy y a otros grandes conversos, y sobre todo a Giussani -un padre-; Peguy cala más hondo que toda una vida en agua fría. Sus latigazos son más rudos que los de Urteaga y su "violencia" mas radical, porque es contra nuestras falsas certidumbres y nuestro acomodamiento al mundo.
No sé si comparto tu crítica al empleo que se hace en el libro de la palabra "beato". A mi siempre me pareció que la utilizaba de manera retórica, efectista, (retórica que entonces me parecía afortunada) y no tanto que quisiera desvirtuar el uso católico del término. Pero ahí está su limitación: más allá del discurso estimulante, de la "motivación" -hoy muchos ejecutivos exitosos se contratan motivadores profesionales, para que les apliquen "electrochoques" psicológicos, para volver a sentirse los dominadores del mundo. Y este es el punto el cristianismo no es un discurso estimulante o un ideal ético, sino el encuentro con una Persona... (Deus Caritas est n. 1)... Bueno basta, no quiero más que hacer un breve comentario a tu artículo y sobre todo, agradecerlo.
Cordialmente

Gabo dijo...

Al contrario Profe, Gracias por leerme y por comentar! Siempre es muy enriquecedor para mí lo que me dice.

Entonces, la radicalidad no puede ser de mi voluntad, soñándome más fuerte... Sino aceptar mis debilidades, mi pequeñez y saber que Alguien me ha amado antes y me da vida plena, a pesar de mis iniquidades.

Me queda a la reflexión eso que me dice, agradecer con quienes, a pesar de todo, viví una adolescencia diferente.

Un abrazo y feliz año.