miércoles, 4 de noviembre de 2009

Algunas consideraciones sobre fe y política


Que son necesarios los católicos en la política, que impriman un espíritu de caridad en las cosas públicas, claro que estoy de acuerdo, no podría no estarlo. Como también pienso que hace falta infundir el espíritu cristiano en la educación, en la cultura, en la economía, en los medios de comunicación, en la empresas, en las familias, en los equipos de futbol, y hasta en la cocina. Es decir, en cualquier lugar donde el hombre se desarrolla, ahí el Evangelio siempre puede ser la buena nueva que responda a las aspiraciones del corazón humano.

A lo largo de la historia de la Iglesia, motivado por este espíritu, muchos hombres han encontrado en las cosas públicas un lugar idóneo para ejercer la caridad e incluso muchos de ellos han encontrado el martirio en defensa de la dignidad humana y en la lucha contra sistema declaradamente anticristianos. Pero también se ha corrido el riesgo de la manipulación del Evangelio, de temporalizar la fe y presentando al mensaje de Cristo como una propuesta social, cultural, ética o política como cualquier otra. En vez de incultural el Evangelio sucede el proceso inverso, se humaniza la palabra de Dios y se culturiza la fe.

Esto no es algo nuevo, siempre ha existido esta tentación. Desde Constantino que hizo del catolicismo una religión de Estado, Carlomagno que intervino en el gobierno de la Iglesia, las Cruzadas que tenían más motivaciones económicas que teológicas, hasta movimientos políticos actuales (tanto de derecha como de izquierda) que han dañado muchísimo a la Iglesia en algunos países. Tales serían los casos de un catolicismo oficial durante la época franquista en España, o las teologías de la liberación en Nicaragua durante la época de los sandinismos.

Pero a pesar de la buena intención de muchos hombres en la historia que se han organizado para dar testimonio cristiano en ámbitos públicos, quisiera señalar sintéticamente varias claves muy sencillas para identificar si el espíritu de algún grupo obedece más a una ideología o por el contrario, a un espíritu verdaderamente cristiano:

1. En estos grupos ideologizados, el grupo y la causa están por encima de la persona. Si el sistema de grupo ahoga, no permite el desarrollo de la propia personalidad, si no permite ser libre, no está ahí Dios. La persona cuenta menos que el grupo.

2. Tienen una visión rígida de la historia, en donde lo que importan son las luchas entre grupos de poderes o culturas, y no la apertura a la totalidad de lo humano. Es el mismo error de los islamismos radicales. Otro ejemplo, son algunas agrupaciones o autores que reducen el Reino de Dios a una "utopía medieval", "Ciudad Católica" o "civilización cristiana", supliendo estas culturas o sistemas políticos el papel salvífico de la Iglesia. Es simpático, pues parece un "marxismo" cristiano, un sistema político que agota la totalidad de las aspiraciones humanas. Valdría entonces el bautismo lo mismo que la afiliación política a un grupo o partido. Es por ello que se da el error de confundir evangelización con una simple difusión de valores. Evidentemente el error de fondo de todo esto, es que no han entendido el papel que ha jugado la encarnación de Cristo en la historia de la salvación. La política viene a suplir la sangre de Jesús derramada en la cruz.

Esto ha llevado a sacralizar culturas, o dogmatizar filosofías o ideas políticas. Este no fue el método de los primeros cristianos, o de los evangelizadores del nuevo mundo, que dialogaron con las culturas que encontraron y supieron apreciar expresiones que generen vida.

Muchos de estos movimientos han sido respuesta movidas no desde la fe, sino desde el odio a quienes denominan "enemigos de la Iglesia". Dan la razón a los revolucionarios franceses que reducían la Iglesia a mero instrumento de un viejo régimen. Esto que digo no demerita en lo absoluto la sangre de los Mártires que han dado su vida por Cristo, por la Iglesia o por otros hombres. Pero ellos fueron movidos por la caridad, no por el odio.

3. Una particular hermenéutica de las Escrituras sagradas. Mas allá del mensaje salvífico que la Iglesia con su magisterio señala, leen los textos sagrados (o eclesiales) en razón de la causa política. Expresión de esto es la lectura sociopolítica que algunas teologías de la liberación han dado al éxodo del Antiguo Testamento.

4. El gnosticismo al que se enfrentó San Agustín hace 16 siglos, hoy se ha vestido de cristianismo. Élites o plutocracias que creen que poseen la totalidad de la verdad, que definen cómo debe ser la realidad y que "poseen" un conocimiento que los hace superior al resto de los mortales. Nada más anticristiano que hacer de la verdad un botín, ya que, como afirma el Señor, " se le ha ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y se las ha revelado a los pequeños". No es una escuela de erudición el cristianismo, sino un encuentro con alguien que tiene palabras de vida.

Y dado que la política es una actividad meramente humana, terrenal, y si entra en la vida de algunos hombres jugando un papel soteriológico, es decir, si lo que te salva es tu actividad, personas que asumen esta postura llevan una espiritualidad "activista", "neopelagiana", en la que la voluntad juega un papel determinante y la Gracia se reduce a mera ayuda. Y como dijera el Padre Iraburu, en la síntesis de Espiritualidad Católica, su lenguaje los denota: Ya no es "Cristo quiere ayudarte, porque te ama", sino un "Cristo te exige"... Dios pasa de ser un padre amoroso a un perseguidor de comisiones y de cumplimiento férreo de una estricta norma que deja muy poco espacio a la caridad. No entienden aquella frase del evangelio en que Cristo afirma que su "yugo es suave y su carga ligera". Es Kant en su máxima expresión.

No han entendido que la fe y la política se mueven en ámbitos distintos. La política es terrena y opinable, la fe (diría Alejandro Llano) es trascendente y confiere certezas. Es importante asumir que la el carácter de Iglesia militante no tiene referencias ideológicas o políticas, y que es súmamente peligroso mezclar y confundir. Al final de cuentas al mirar la historia de la Iglesia se demuestra que en aras de defender a la Iglesia, estos movimientos lo único que lograr es desprestigiarla y dañarla.

Cuando la política se vuelve redentora se encuentra uno (como diría Péguy) con "Elefantes en el jardín de la Gracia". Hay qué volver a ser como niños, donde lejos de ideologías o prejuicios, encontremos la presencia de aquel que con su muerte y resurrección nos ha ganado la verdadera vida.

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