"La verdad de la vida cristiana se muestra en esto como el maná del desierto: no se la puede guardar y conservar; hoy está fresca, pero mañana se halla corrompida. Una verdad que sólo continúe siendo transmitida, sin que sea repensada a fondo, ha perdido su fuerza vital. La vasija que la contiene -por ejemplo, la lengua, el mundo de las imágenes y de los conceptos- se cubre de polvo, se enmohece o se agrieta. Lo viejo sólo permanece joven cuando con el vigor más juvenil hace referencia a aquello que es aún más antiguo y siempre actual: la revelación de Dios".

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